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Piriápolis Místico
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Piriápolis Místico y adorable

Piriapolis es un destino  extraordinario que ofrece una experiencia única en un entorno natural y  místico con sus cerros guardianes de un mar infinito, una calidez humana  encantadora, exquisita gastronomía y una nutrida agenda de actividades  culturales, deportivas y recreativas.
Un cautivante paisaje costero y serrano da una majestuosa bienvenida invitando a disfrutar de cada mágico rincón de estas hermosas tierras, donde se presenta la inigualable belleza de la Costa Serrana conjugándose  hermosas playas, fascinantes paisajes con la presencia de cerros y  adentrándose – sobre el eje de la ruta 60 – en el interior del  territorio entre las sierras, molinos, senderos, caídas de agua entre  otras maravillas que propone este patrimonio que une Maldonado y  Lavalleja y que promueve un destino de turismo responsable.

Un visionario del siglo XIX creó  una ciudad talismán.  Sus edificios más emblemáticos encierran mensajes cifrados, códigos  esotéricos que –aseguran- obran una transformación a quienes los  observan con el corazón. Piriápolis esconde en el diseño de sus calles  el Árbol de la vida de los cabalistas y la constelación de Acuario, para  atraer hacia sus habitantes las energías celestes y terrestres.
Historia de un visionario :Francisco  Piria fue un hombre de grandes inquietudes, un visionario para su  época. Nació en 1847 en Montevideo pero a los cinco años –cuando muere  su padre- fue enviado a Europa, concretamente a un pueblo genovés  llamado Diano Marina, para recibir formación a cargo de un tío suyo  jesuita. Y algo extraño sucedió allí porque Piria se convirtió en un  precoz niño prodigio, con una estupenda visión de futuro (tanto que roza  la precognición) y con unas marcadas inquietudes esotéricas.
Inventó  la correa del reloj, creó los panfletos publicitarios para vender propiedades, llegó a idear las “hipotecas”, dejando pagar los terrenos a  30 años. Todo ello, con el fin de poder comprar un vasto terreno junto  al mar en el departamento uruguayo de Maldonado, al que llamó  Piriápolis, una ciudad talismán, capaz de recoger y proporcionar  energías basándose en la kabbalah y el arte de la alquimia. ¿Qué sucedió  en Italia? ¿A qué fuentes de conocimiento pudo tener acceso? Ambas  preguntas siguen siendo una incógnita para sus biógrafos. Sólo nos  quedan sus obras y, en concreto, una ciudad que está llamada a ser el  foco del turismo esotérico del Uruguay: Piriápolis.

Templarios en Uruguay
Recorrimos  seis kilómetros entre serranías, con el Cerro de las Ánimas a nuestra espalda y el Pan de Azúcar a la izquierda, cruzando puentecitos, bosques  y granjas, para internarnos en la Ruta 37 donde doblamos a la izquierda  para llegar al castillo de Piria. La puerta de entrada estaba cerrada  al público pero el guarda nos dejó entrar. Alguna ventaja tiene ser  periodista.
Dentro del recinto Josep dio un respingo. “¿Es que no lo veis?” –nos pregunta en voz alta. “Es la beauseant, el estandarte de los Templarios”.
En  efecto, presidiendo los torreones del castillo ondeaban cuatro banderas  templarias. En el interior, las cruces paté también eran visibles junto  a otras claves que iremos desvelando a continuación.
El Castillo,  una de las obras más características de la zona, fue construido en un  período de grandes cambios para Piria. En 1894 se casó por segunda vez  con la yugoslava María Emilia Franz y es, en esa época, entre el 94 y el  97 cuando el ingeniero Aquiles Monzani erigirá la construcción y todos  sus anexos.
Según el investigador Jorge Floriano (nieto de Piria,  para más señas) la obra es una verdadera “mansión filosofal”. Por  desgracia, buena parte de los símbolos han desaparecido. También los  objetos que Piria reunió a lo largo de los años, muchos de ellos de  plata, y que constituyen una verdadera y misteriosa fortuna. ¿De dónde  procedían los fondos? ¿Cómo, siendo un joven de familia humilde pudo  construir toda una ciudad?
La avenida que da acceso al castillo  estaba flanqueada por estatuas de deidades griegas que representaban a  los planetas y los metales de la alquimia. La fuente, consagrada a  Neptuno (con su correspondiente estatua) también ha sido destruida: “Aquí se mostraba la vía utilizada por Piria en sus trabajos alquímicos: la llamada ‘vía húmeda’" -nos explica Cisel. “Dura  exactamente un año, el tiempo que vivió Piria permanentemente en el  castillo: una vez lograda su meta no volvió más a él y se alojó en  alguno de sus hoteles. Además, chicos, el subsuelo, donde se hallaba su  laboratorio, fue tapiado”.
Empezamos a recorrer estancias y pasillos. En una de los muros todavía penden los planos originales de la ciudad que ideó.
-¡Mira esto!- exclamó Patricia –Es el árbol de la vida.
En  efecto, a vista de pájaro, las calles de Piriápolis dibujan el conocido  Árbol de la vida de los cabalistas y este se repite de sefirot en  sefirot en una suerte de fractal arquitectónico. Estamos fascinados.
Al  día siguiente, a bordo de un helicóptero de la Fuerza Aérea Uruguaya,  trataríamos de fotografiar en vano esta estructura. Y decimos en vano  porque nunca llegó a realizarse. Se quedó sólo en el papel. En cualquier  caso el balneario tiene muchos otros atractivos esotéricos.
Subimos  al tercer piso por una escalinata con fotografías de Piria. Hoy se sabe  que en la habitación superior del castillo era empleada como lugar de  meditación y para realizar proyecciones astrales. La disposición de las  puertas es absolutamente simétrica, una de ellas, curiosamente, no  conduce a ninguna parte. “Es un recordatorio de que las puertas a otros mundos están en éste y que hay que tener la suficiente atención para ‘verlas’”-nos explican.
Ya  en el exterior dos lebreles (perros de caza) en la puerta de acceso  llaman nuestra atención. Entre sus patas tienen un morral y una liebre  muerta. La liebre, en alquimia, es el símbolo de la “materia prima”,  también conocida como “mercurio”.
Otro símbolo importante reside en  las columnas de entrada. Se trata de dos dragones entrelazados que  forman una X, el símbolo del fuego, el elemento fundamental en la  consecución de la Gran Obra. Estas figuras surgen de entre hojas de  acanto al extremo de las columnas que nos recuerdan a los templos  masónicos. Y es que, como acertadamente, observa Josep, el castillo de  Piria sugiere en su estructura al mismo templo de Salomón.
En los  jardines del castillo, aún se conservan varios copones en los que  aparece una figura que parece ser la del “diablo”, ¿Se trata de Bafomet  de los Templarios?

Algo extraño se respira en el ambiente
A  la derecha del castillo, Piria plantó varias yucas africanas que,  curiosamente, sólo crecen allí. Cualquier intento por trasplantarlas ha  fracasado. La razón es que no se trata de dragos canarios. Se dice que  Piria las trató con la llamada “piedra vegetal” -otro de los productos  derivados de la piedra filosofal- que permite la perfección de toda  especie vegetal. Tal vez por ese motivo muchos hoy meditan en este  lugar, un lugar extraño, tranquilo, evocador y que sólo los iniciados  aprecian en su justa medida.
Dejamos el castillo donde algunos  afirman que aún hoy se aparece Piria de noche o se escuchan los ladridos  de su perro y, de regreso por la Ruta 37, camino al “Balneario del  porvenir” (así definió Piria a su ciudad), nos dimos de bruces con la  Iglesia de Piria (ubicada en lo que sería el centro de la ciudad, según  el diseño del empresario). Esta “catedral” nunca llegó a ser consagrada  como templo. Se trata de una imponente construcción con leyendas de todo  tipo, que quedó inconclusa en un lugar que domina la zona. En su  fachada destaca un evocador rosetón de ocho pétalos que aluden  inequívocamente a la Rosa Cruz, otro símbolo alquímico. Esta disciplina,  estrechamente relacionada con el hermetismo, influyó en el nacimiento  del rosacrucismo, un importante movimiento esotérico que se remonta al  siglo XV o XVII, generalmente asociada al símbolo de la Rosa Cruz. Éste  se compone de una o más rosas que decoran una cruz. En algunos casos se  usa, también, una cruz envuelta por una corona de rosas; junto al  símbolo puede aparecer un triángulo doble o una estrella. En otros casos  es simplemente una cruz con una rosa en el centro. También puede  representarse la rosa o la cruz adornadas con símbolos cabalísticos y  alquímicos. El símbolo varía dependiendo de la fraternidad en cuestión.  Pues bien, algunas de estas variantes se hallan presentes en el Museo  ferroviario y en el Pabellón de las Rosas donde Piria ofrecía los  almuerzos que incluía en los paquetes de promoción, cuando traía a la  gente de la capital para conocer “el balneario del porvenir”.  Actualmente se halla en proceso de remodelación. Su estructura -se dice-  fue proyectada en la escuela Eiffel de París.

Heliópolis
Y  nos llama la atención, más aún, saber que el nombre que Piria había  reservado para su ciudad era el de Heliópolis (Ciudad del Sol) que, de  acuerdo a la mitología utilizada en alquimia, es el lugar donde renace  el ave fénix. Jorge Floriano afirma, que con el mismo método que  Fulcanelli empleó en sus libros, logró "leer" en Piriápolis los símbolos  alquímicos. Ya hemos visto los del castillo de Piria, la Iglesia o el  museo ferroviario pero es que aun hay más en las estatuas, las fuentes,  la forma del Argentino Hotel y las ilustraciones de sus vitrales.  Tampoco se nos escapa el hecho de que Heliópolis es el nombre de un  discreto grupo de alquimistas por donde han desfilado personajes  ilustres como Champegne, Swaller, Dujols, Fulcanelli, Eugene Canseillet y  según el especialista Julio C. Stelardo el mismísimo Francisco Piria.
Así  las cosas, cruzamos la rambla para adentrarnos en el Argentino Hotel.  Su director tuvo a bien de obsequiarnos con dos inquietantes libros: El  Socialismo Triunfante.
Lo que será mi País dentro de 200 años, de  Francisco Piria y Por los tiempos de Francisco Piria, de Luis Martínez  Cherro. El primero de ellos nos dejó sin habla por la exactitud del  panorama que dibuja de su país mucho antes de que tuvieran lugar los  acontecimientos que preconiza. Según el profesor Pablo Dobrinin, a Piria  rara vez le interesó la literatura por sí misma, más bien la utilizó  como un vehículo para exponer sus ideas bajo tres ejes: el mundo del  futuro, la ciencia ficción y la alquimia. Piria, como decimos, imagina  un mundo sin fronteras, se adelanta a facilitar con exactitud el mapa  político de Uruguay y describir las bondades de la alquimia y los  alquimistas.
En este sentido el Argentino Hotel sigue escondiendo  claves en su estructura, vitrales y estancias al más puro estilo de las  catedrales góticas. Estamos frente al que fuera en 1930 el más suntuoso  establecimiento hotelero de América del Sur. Basta decir que todo su  equipamiento fue calculado hasta el año 2000, teniendo en cuenta roturas  y robos. Curioso, ¿verdad?

Parque Municipal "La Cascada"
Muy  cerca de allí empieza la ruta mística para peregrinos. Siete paradas  propuestas por Piria para sentir las energías de Heliópolis y que halla  su máxima expresión en el Parque Municipal "La Cascada". Se accede a él  por la Ruta 3, cruzando el puente desde la Avenida Artigas. Allí,  rodeada por un pequeño bosque se halla la cascada que da nombre al  parque, un salto de agua de 5 metros que proporciona iones negativos a  muchos de los que se acercan al lugar para hacer meditación.
Y es  que, a las virtudes de este marco natural cabe añadir lo que Piria hizo  construir, como la fuente del Toro, en el cerro del mismo nombre.
Está  colocada en medio de un espeso bosque donde se confunden las especies  autóctonas con las foráneas. Una explanada en forma de herradura rodeada  de barandas y escalinatas conducen hasta "El Toro", una escultura en  bronce de tamaño natural que pesa aproximadamente tres toneladas. Fue  traída expresamente desde París por Francisco Piria, para completar así  la trilogía de fuentes ideadas por él.
Por la boca de "El Toro" brota  un chorro de agua mineral que rellena un espacio concebido para estar  sentado, mientras mojamos nuestros pies en el agua pero, para nuestra  decepción, estaba seco cuando llegamos.
Emocionados, cada uno de  nosotros subió por las escaleras que rodean la fuente, uno por cada lado  y contando en voz alta los escalones: ¡Treinta y tres! –exclamamos  desde la cima. Y es que Piria calculó hasta el mínimo detalle para  quienes fueran capaces de descifrar sus claves. Una vez allí se puede  subir hasta la cumbre del cerro del Toro desde donde tendremos una  hermosa vista del balneario. Esta cima fue para algunos historiadores  cementerio de los indios charrúas y para muchos geólogos constituye el  cráter de un volcán extinguido.

Tres fuentes transformadoras
Lo  usual, sin embargo, es empezar el recorrido por la imagen de Stella  Maris, obra de un artista milanés, Capo Laboro, que fue traída desde  Italia. Es una Piedra Fundamental de la ciudad, ubicada en la falda del  cerro que domina la bahía, protegiendo a los pescadores. A sus pies tuvo  lugar la primera misa católica de la ciudad.
La imagen original era  de terracota pero, lamentablemente, fue destruida a balazos, por lo que  fue necesario sustituirla por otra de hierro fundido. Ambas, no  obstante, presentan una singular característica.
Si se observada  desde el mar distinguimos claramente la imagen de la virgen de los  pescadores pero, vista de espaldas, se trata de la figura de Jesús. ¿Una  virgen hermafrodita, o es que Piria pretendía esconder el concepto de  dualidad, de lo masculino y lo femenino?
A los pies de esta imagen se  halla la Gruta de la Fuente, de la que brota agua mineral bicarbonatada  sódica sólo comparable con la de la fuente Vals-Les-Bains, de Francia.
A la del Toro y la de la virgen de los pescadores, hay que añadir la tercera de las fuentes de Piria: La fuente de Venus.
Destaca  por ser una réplica exacta del templo griego existente en la famosa  Villa Paravicini, en Italia, u otra igual en Versailles. Del cántaro que  sostiene la diosa griega surge un cristalino chorro de agua natural.
Hasta  la fuente de Venus puede llegarse tomando la Avenida de Mayo y el  empalme con la carretera que une a Piriápolis con Punta del Este.
Estas  son algunas de las claves esotéricas escondidas por un hombre que quiso  inmortalizar su proyecto alquímico en una ciudad y al ser humano en un  elemento de transformación gracias a las energías de una metrópoli.
Realizamos  una última mirada desde el aire, a bordo del moderno helicóptero de las  Fuerzas Aéreas. Desde este lugar privilegiado observamos la cruz del  Pan de Azúcar, realizada por los arquitectos Alberico Izzola (hijo de  Adela Piria) y de De Armas pero somos incapaces en la cabina de  distinguir algo que nos contaron: si unimos con una línea los puntos  donde se encuentran los principales símbolos, podríamos apreciar una  reproducción de la constelación de Acuario. Algo que en el mapa, resulta  de lo más convincente               


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